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¿La llave de la democracia financiera?

Más de 350 millones de latinoamericanos no tienen acceso a servicios bancarios básicos. ¿Podrán las microfinancieras derribar estas barreras con un teléfono móvil?

La colombiana Redeban Multicolor, titular de la franquicia local de Mastercard, ha logrado lo que muy pocos han podido hasta el momento en la región. Convencer a las tres operadoras de telefonía celular de su país y a 14 bancos de utilizar una misma y única plataforma de banca móvil, con los consiguientes beneficios de escala y costos.

La solución, que se encuentra alojada en la tarjeta SIM del 95% de los teléfonos colombianos, hoy cuenta con 800.000 usuarios registrados y permite la realización de 27 transacciones distintas que suman 1.400.000 operaciones mensuales. “Las negociaciones no fueron fáciles, especialmente a la hora de fijar el precio de las comisiones”, dice Luis Alberto Leguizamón, gerente de proyectos especiales de Redeban Multicolor. “Finalmente, pudimos cerrar con las operadoras una tabla de descuento por volumen muy ventajosa para todos los bancos”.

Un ecosistema (móvil) de micropagos

La plataforma ofrece hoy cobertura al 80% de los titulares de cuentas bancarias y está abierta a que nuevas entidades se sumen en las mismas condiciones. Con la experiencia acumulada en cuatro años, Redeban tiene ahora otro objetivo: apoyar la inclusión financiera de la población que aún no está banzarizada. La compañía ahora impulsa un monedero celular para el desarrollo de transacciones financieras vía electrónica sobre la base de algunas mejoras normativas introducidas por el gobierno colombiano, como las cuentas de ahorro electrónico, orientadas a las personas de menores recursos que cuentan con un beneficio de salud de forma gratuita, y las cuentas de ahorro de trámite simplificado.

Redeban apuesta a crear un ecosistema de micropagos en el cual el dinero que ingresa pueda ser fácilmente transferido entre los usuarios, logrando un menor costo por transacción y mayor seguridad en comparación con el uso de efectivo. La telefonía celular cuenta hoy en Colombia con una penetración del 90%, lo que podría facilitar la masificación del monedero a millones de usuarios.

Esta iniciativa es una muestra de los nuevos modelos de negocios que se están desarrollando en la región y que buscan, a través de los avances tecnológicos, dar acceso a servicios financieros básicos a millones de personas excluidas. El proyecto de Redeban, de hecho, fue uno de los 19 seleccionados por el programa Tecnologías para la Inclusión Financiera (Tec-In), lanzado en 2010 por el BID, el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), parte del Grupo BID, y la Corporación Andina de Fomento (CAF).

El Tec-In realizó una primera convocatoria de ideas a inicios de 2010 que resultó todo un éxito: se recibieron 420 propuestas de soluciones tecnológicas de 30 países que conjugan innovación e inclusión con servicios financieros como créditos, remesas, pagos, ahorro y microseguros. “Lo que buscamos son nuevos usos de la tecnología que permitan dar incrementos significativos en las escalas de las operaciones, en la calidad de los servicios o en el alcance”, dice Fermín Vivanco, especialista del FOMIN. El objetivo es que, al menos, 250.000 microempresarios o personas de escasos recursos, que hoy no pueden ser atendidos con la tecnología existente, accedan al crédito por primera vez.

Las razones de la exclusión

Según un estudio del BID/FOMIN, las microfinanzas están creciendo en América Latina y el Caribe a una tasa anual del 18% y han alcanzado viabilidad económica en muchos países. Pese a este vigoroso impulso, aún persiste un universo de más de 350 millones de personas sin acceso a servicios financieros elementales, incluyendo al 90% de los microempresarios de la región.

Las investigaciones muestran que las instituciones microfinancieras (IMF) están tropezando con dificultades para atender a esta demanda insatisfecha. Una de ellas es que los costos operativos siguen siendo altos frente a los bancos tradicionales, debido a su menor escala, el uso limitado de tecnología y la escasez de recursos para invertir en nuevos sistemas de gestión de la información que aporten mejoras en la eficiencia.

El tema no es menor. El crecimiento de las microfinanzas podría ser más reducido en los próximos años a causa de una creciente competencia y una mayor presión para ofrecer tasas de interés más bajas. “La eficiencia operativa quizás sea el factor más importante para asegurar la prosperidad y sostenibilidad del sector”, dice Vivanco. Además, avances en este campo podrían conducir a una reducción en el costo de los créditos y otros cargos cobrados a los clientes.

Al mismo tiempo, la madurez que ha alcanzado el negocio en ciertas áreas urbanas está obligando también a las instituciones a extender su alcance geográfico. Pero el costo de prestar servicios financieros en zonas rurales y marginales ha sido tradicionalmente elevado y considerado muchas veces inviable desde el punto de vista comercial. Por otro lado, muchas microfinancieras aún ofrecen una gama muy limitada de servicios. Ampliar el menú puede requerir esfuerzo y costos sustanciales.

La llave maestra

Las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) ofrecen hoy múltiples opciones para revertir este escenario. Sin embargo, un rápido vistazo al sector confirma que muchos proveedores de servicios financieros de la región no están aplicando efectivamente las nuevas tecnologías, ya sea por desconocimiento o falta de capacidad técnica y recursos financieros.

Este es precisamente el déficit que el Tec-In busca revertir. Cerca de la mitad de los proyectos presentados estuvo relacionado con aplicaciones de banca móvil, y eso no sorprendió a los expertos. La penetración de la telefonía celular duplica o triplica los niveles de bancarización en muchos países de la región. La utilización del teléfono celular como terminal de pago y cobro puede favorecer a poblaciones que no tienen acceso ni al sistema financiero ni a computadoras fijas.

“La banca móvil ya funciona para personas bancarizadas, pero el interrogante es si puede también convertirse en inclusiva y permitir el acceso a servicios financieros de personas no bancarizadas”, dice Nathanael Bourns, de la consultora DAI México. “La competencia de la banca móvil es el efectivo, un medio de pago que ha funcionado muy bien por muchos décadas, aunque el cambio no necesariamente va a ser tan rápido como pudiera esperarse”.

Otra propuestas estuvieron enfocadas en sistemas de información gerencial, en herramientas de análisis y puntuación/calificación (scoring) y en soluciones para terminales de punto de venta, entre otros. Un panel de expertos, que incluyó a representantes del Grupo Consultivo de Ayuda a la Población más Pobre del Banco Mundial (CGAP, su sigla en inglés) y de la asociación mundial del estándar de tecnología móvil GSM, finalmente seleccionó 19 ideas. Con el apoyo técnico del programa se buscará convertir esas ideas en proyectos pilotos que puedan ser financiados por algunos de los socios.

“Estamos trabajando para que cumplan con algunos requisitos mínimos, por ejemplo, que haya un modelo de negocio viable detrás, y que se pueda incorporar al sector financiero”, dice Jessica Villanueva, coordinadora del programa TEC-IN. “Y también que la idea se enfoque en población excluida del sistema financiero, y que haya compromiso y trayectoria en los actores, entre otros aspectos”.

La hora de los clientes rurales

“Ahora que muchas entidades están solidas y exhiben muy buenos indicadores podemos llevar las microfinanzas al área rural”, dice Ana Jiménez, gerente de la peruana Copeme, un consorcio de organizaciones privadas de promoción al desarrollo de la pequeña y microempresa.

Su propuesta Experto Rural, en alianza con Equifax, una central privada de riesgo, resultó otra de las seleccionadas. Mediante el uso de tecnología móvil, el proyecto busca que ocho microfinancieras locales logren simplificar los procesos de evaluación y aprobación en zonas rurales.

Con esta metodología, los analistas podrán hacer su trabajo en forma remota sin necesidad de trasladarse, lo que implica una importante reducción en los tiempos y costos de las operaciones. “Estimamos que de esta forma cada consulta tendrá un costo promedio de un dólar”, dice Jiménez. Se espera que esta aplicación impulse la provisión de crédito a unos 90.000 mil clientes rurales, de los cuales un 30% será incorporado por primera vez al sistema financiero.

Zapatero a tus zapatos

A nadie escapa que el potencial de la tecnología es enorme. Pero no siempre su aplicación es atractiva desde el punto de vista comercial. “Debemos hacer pruebas pilotos que demuestren su viabilidad para el cliente, el proveedor tecnológico y el operador financiero”, dice Ixone Soroa, Ejecutivo de la Dirección de Promoción de Pyme y Microempresas de la CAF.

La operadora de telefonía móvil Tigo, en Paraguay, ha recogido algunas lecciones al respecto. “Hace dos años comenzamos a desarrollar el concepto de banca móvil pero la experiencia no fue muy buena”, dice Natalia Oviedo, gerente de marca de Telecel S.A. (TIGO). “Intentamos hacerlo en solitario pero no es fácil para una telefónica manejar áreas que no son su especialidad”. La compañía rediseñó su estrategia y este año lanzó Giros Tigo, una plataforma de remesas domésticas, con la que apunta a cerrar alianzas con entidades financieras y bodegueros.

Pero el incipiente desarrollo de la banca móvil aún tiene algunas cuestiones por resolver. Una de ellas es la regulación. “¿A quién le debería corresponder?”, dice Leguizamón. “¿Al supervisor bancario o al regulador de las telecomunicaciones?”.

La inclusión financiera es una partida que reúne a varios jugadores: operadores financieros, redes de apoyo, proveedores de tecnología y distribuidores como corresponsales no bancarios y despenseros. “El desafío es que cada actor en este juego pueda ganar dinero cobrando costos muy bajos”, dice Bourns. “La tecnología está en todas partes, cada vez más flexible y más móvil. Hacerla sencilla y barata es la clave para que los servicios financieros lleguen a millones de personas en América Latina”.

El Banco Interamericano de Desarrollo no es responsable por el contenido editorial; los puntos de vista expresados en el artículo son del autor.

Fuente:http://www.iadb.org/micamericas/section/detail.cfm?id=8380&sectionID=INNOV&language=Spanish